Reflexiones de una madre, mujer empresaria

Reflexiones de una madre y mujer empresaria

Son las seis de la mañana y suena el despertador.  Es un día normal, entre semana, y procuro despertar por completo para empezar el día.  Me preparo un café, busco noticias relevantes para informarme de los acontecimientos sobre el contexto en el que opera mi negocio.  Mientras tanto, preparo el desayuno y despierto a mi hijo para que se aliste y mi esposo lo lleve al colegio.

Mi esposo ayuda con los quehaceres, pues en el país en el que vivo actualmente, no hay ayuda como la que tenía en México.  Regreso del colegio, levanto la cocina, prendo mi computadora e inicia el día laboral.  Juntas, proyectos con clientes, atender a ciertos prospectos, revisar las finanzas, dar seguimiento a aspectos de mercadotecnia, coordinar acciones relativas a la operación de la consultoría.  Cada uno tiene una necesidad distinta y es importante acompañarlos en algunos aspectos.

Suena la alarma, es hora de preparar la comida.  Mi esposo me ayuda y entre los dos terminamos la rica tarea de cocinar algo muy sabroso, porque nos encanta tener en la mesa platillos variados y nutritivos.  En familia, conversamos sobre los asuntos de cada uno y entre todos levantamos la cocina otra vez. 

Regreso a la computadora a continuar con el trabajo y en un tiempo específico estudio, pues la maestría en Teología de la Espiritualidad demanda la lectura de varios libros por semestre.

Llega la noche, a cocinar de nuevo, mientras reviso que la lavadora y la secadora hagan sus funciones.  Doblo la ropa, y entre los tres acomodamos las prendas.

Pasa la noche y vuelve a sonar la alarma.  Son las seis de la mañana y volvemos a empezar…  parece que es el mismo momento de ayer a las seis de la mañana.  Y así sucede todos los días laborales hasta que por fin llega el fin de semana.

Es fin de semana, disfrutamos de levantarnos tarde.  Hemos planeado el día lleno de actividades de esparcimiento; lindos parques, interesantes museos, pueblitos y viñedos cercanos.  Aunque combinamos con los pendientes de compras, supermercado, etc.

¿Soy feliz? … ¡por supuesto que sí!  A pesar de que los días pasan a veces como en un “bucle de tiempo” y las actividades cotidianas pueden ser pesadas o tediosas; mi vida tiene sentido.  Cada momento tiene un aprendizaje personal que me hace sentir viva y plena.  El autoconocimiento ha sido un factor clave para poner límites, tener paciencia y poder valorar cada momento, como cuando camino por las tardes para pasear a Pepe, mi perrito.  Disfruto convivir con familia y amistades cercanas.

Las tareas de oficina son un placer de la vida.  Disfruto grandemente los momentos en los que tengo sesiones con clientes para conversar y ayudarles a conocerse mejor.  Mi experiencia personal y espiritual me guían en conversaciones profundas y llenas de sentido para mis clientes, cuando ellos se disponen a crecer en lo personal y profesional.

Si tienes algo en común conmigo, quiero compartirte algunas acciones que me han sido útiles para llegar a un mayor balance de vida y plenitud personal:

Conócete mejor

Un buen diagnóstico te ayudará grandemente para conocer lo que disfrutas, lo que te hace vibrar, así como tus límites.

Establece prioridades

No todo lo urgente es importante.  Piensa en las implicaciones y actúa en consecuencia.

Delega tareas

No solo en casa, sino con tus colegas profesionales. Suelta el mando y deja que aprendan de sus errores, aunque no dejes de darle un vistazo a los temas de mayor importancia.

Di que “no”

En ocasiones, queremos darle gusto a los demás y nos quedamos en último lugar. Si tienes claras tus prioridades, podrás discernir mejor.

Cultiva la autoconfianza

Todo es posible; solo requieres tener paciencia y ver como las cosas se van acomodando.  Para mí, no existen coincidencias, sino “diosidencias”.

En resumen, no es sencillo ser empresaria y mamá al mismo tiempo, pero si lo que haces te llena, no habrá razón que te detenga en realizarte como ser humano y como colaborador de una sociedad que necesita de tu participación.

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Acerca del autor

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Victoria Zapata

Me gusta escribir porque reflexiono y me detengo a observar aspectos relacionados con mi hobby, que es mi profesión.

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